Braidanécdotas

Mi infancia y juventud estuvieron muy ligadas al tío Roca y a la tía Celesta. A los 11 años, mis padres decidieron internarme en el Colegio Robles, un colegio de curas. Los tíos vivían muy cerca, a una cuadra, en las calles México y Suipacha, donde su hijo Pocho, que en ese entonces era soltero, tenía una carnicería.

El tío Roca era mi tutor y la única persona autorizada a retirarme del colegio. ¡Inimaginable la alegría que sentía al verlo llegar al colegio con su sombrero negro y bastón en mano para llevarme! Así fue durante cinco años: cada vez que lo veía aparecer, mi día se iluminaba.

La tía Celesta, en ese tiempo, la veía todos los domingos en misa. La relación continuó incluso cuando se mudaron a Monte Cristo. Iba en bicicleta hasta su casa para tomar el colectivo a Córdoba, donde asistía al colegio secundario.

Nunca olvidaré a la tía, infaltable en misa, siempre con su mantilla negra en la misa de las 7:30 de la mañana. En una ocasión, cuando yo estaba sirviendo de monaguillo, ella no me reconoció al acercarse a comulgar. Le di un pequeño golpecito con el platillo, lo que provocó la mirada seria del cura, pero valió la pena ver la expresión de sorpresa en su rostro al darse cuenta de quién era.

Por Claudio "Gringo" Digón.

Las ocurrencias y bromas del tío Alejandro Cadamuro eran bien conocidas, y siempre lograba desestabilizar las reuniones familiares de los Braida con su humor impredecible.

Recuerdo varias de sus travesuras, especialmente durante el cumpleaños de quince de María "Monina" en el campo del tío Raúl Salvador (Cachito) el 25 de noviembre de 1972. La primera víctima fue Elvira Regina, a quien persiguió con un tizón encendido, lo que terminó con su vestido quemado y su chal oriental manchado de cenizas. ¡Pobre Elvira, no sabía dónde esconderse!

Luego, a los que sucumbieron al sueño a altas horas de la noche, les arrastró los colchones fuera de los dormitorios. Pero la broma más recordada de esa noche fue al momento de servirse el postre de clericó. Todos habían disfrutado su primera copa y se disponían a servirse una segunda, cuando el tío Alejandro anunció, muy serio, que se había caído un sapo dentro del tacho del clericó. ¡La reacción fue inmediata! Una oleada de asco y arcadas invadió a todos los presentes.

En otra ocasión, cuando la familia disfrutaba de un lindo día en un arroyo de las Sierras, el lugar comenzó a llenarse de extraños. Al tío Alejandro no se le ocurrió mejor idea para ahuyentarlos que colgarse un sapo de la boca, sosteniéndolo por las patas, y agitarlo de lado a lado. El espanto de los visitantes fue tal que no tardaron en huir despavoridos.

Otra de sus travesuras ocurrió en La Francia, durante una visita a su cuñada Nelly Ercilia. Se metió en la jaula grande de pájaros, llena de aves que habían sido coleccionadas con esmero durante mucho tiempo y de distintos lugares. Abrió la puerta de la jaula, intentando liberar a los pájaros espantados.

Pero no todas sus bromas quedaban sin represalias. Su hija, Zulma Ercilia, cansada de sus payasadas, decidió desinflarle los cuatro neumáticos del auto en el que había llegado. No conforme con eso, el tío Alejandro fue a cargar combustible y le dejó la cuenta por pagar en la estación de servicio YPF, donde trabajaba Zulma. ¡Una venganza digna de su hija!

Por José Luis Blangino Braida.

Todos recordarán las bromas con disfraces de mi madre, Nelly Ercilia. A ella le encantaba sorprender a sus familiares y conocidos con situaciones disparatadas. Una de sus ocurrencias más memorables fue cuando se apareció en el negocio de Celia y el tío Claudio, disfrazada de una ancianita que apenas podía hablar. Con voz débil y temblorosa, se acercó a la tía Celia y a la señora del Lalo, y les pidió... ¡condones y vaselina!

La tía Celia se puso colorada de inmediato, espantada ante semejante pedido. En voz baja, trataba de explicarle a la "anciana" que ese tipo de productos solo se conseguían en farmacias, y que, además, ¡no podía creer que a su edad estuviera pidiendo algo así de forma tan indiscreta! Era imposible no imaginar que todo aquello era una broma de Nelly Ercilia, pero la tía cayó en la trampa por completo.

En otra ocasión, Nelly Ercilia se disfrazó nuevamente de ancianita, esta vez para engañar a la Nona Ercilia con la complicidad de la tía Amelia Regina. Nelly, vestida de viejita, tocó el timbre de la casa y fue atendida por la Nona. Con cara de necesidad, le pidió algo de comer. La Nona, molesta y desconfiada, le cerró la puerta en la cara y fue a pedirle a la tía Amelia que le diera algo. Amelia, sin saber que era su hermana disfrazada, le entregó un pedazo de pan duro.

Nelly, en su papel de anciana, miró el pan con desagrado y, con una expresión seria, le respondió: "¿Y esto nomás tiene para darme?". La reacción de la Nona fue de puro enojo, mientras Nelly, aguantándose la risa, explotaba de carcajadas al ver las caras de todos.

Por Stella Blangino Braida.

En una ocasión, nos quedamos en la casa de la tía Amelia, en San Francisco, mis primos Norma y Eduardo Podadera Braida y yo, mientras los tíos Amelia y Miguel viajaban. La casa quedó bajo el mando de la tía Herminia, hermana de Ercilia Andreo, conocida por su estricta disciplina. Yo, Edith, siempre fui famosa por meter bulla y armar quilombos donde fuera, así que mi relación con la tía Herminia no era precisamente la mejor.

Una mañana, me desperté y miré por la ventana, y para mi sorpresa, vi a la tía Herminia metiendo al gato de mi prima Norma dentro de una bolsa y echándolo en el tacho de basura, que pronto sería recogido por el camión municipal. ¡No lo podía creer!

Corrí desesperada a despertar a Norma y Eduardo, gritando que la tía Herminia estaba a punto de cometer un crimen. Enseguida se armó un escándalo: entre gritos, llantos y reclamos, intentamos rescatar al gato de Norma. El caos fue total, y la furia de la tía Herminia al verse descubierta no tardó en estallar.

Fue una mañana de desorden absoluto, pero logramos salvar al gato a tiempo, mientras la tía Herminia, indignada, nos miraba con rabia.

Por Edith Nity Blangino Braida.

Una vez, a mi madre Nelly Ercilia le llegó un aparatito pícaro: consistía en un alambre rectangular abierto por arriba, con un elástico que unía ambos extremos y una arandela en el medio. Si uno enroscaba la arandela y la sujetaba sentándose encima, al levantarse se soltaba la arandela, produciendo un ruido idéntico al de un pedo.

En uno de sus viajes de visita a Monte Cristo y Tres Esquinas, decidió llevarlo para probar su "desempeño". Comenzó en la casa de la tía Celia, donde la señora que ayudaba en la casa quedó sorprendida por el "desarreglo intestinal" que parecía tener Nelly.

Pero el momento culminante fue en la casa de los tíos Cachito y Sofía. Durante una reunión familiar en el comedor, mientras tomaban mates, Nelly Ercilia se quejó de un dolor de panza y, en un gesto muy obvio, se inclinó simulando liberar presión intestinal... ¡y se dejó escuchar el sonoro "pseudo-pedo"!

Los presentes no podían creer semejante desfachatez. La tía Sofía, horrorizada, abrió las ventanas de par en par y comenzó a abanicarse con un trapo, quejándose del "mal olor". El tío Arduino "Flaco" Palla, sorprendido y disgustado, tomó la silla donde estaba Nelly y la dejó horizontal, como si la estuviera castigando por su atrevimiento.

Finalmente, entre risas, Nelly reveló que todo era una de sus clásicas bromas, dejando a todos en la familia con una anécdota más para recordar.

Por Stella Blangino Braida

Mi papá y el tío Nino, además de ser parientes, eran grandes amigos. Mi mamá y el tío Nino eran primos hermanos, y esa relación familiar hizo que ellos dos se volvieran inseparables. En una época, se les ocurrió comprar una propaladora para animar fiestas patronales, cumpleaños y eventos en los pueblitos cercanos a donde vivíamos. Siempre los buscaban para llevar música y alegría a las celebraciones.

Recuerdo bien una noche, cuando los llamaron para animar una fiesta. Yo era pequeña, pero tengo este recuerdo muy claro. Mi papá y el tío Nino cargaron la propaladora y se fueron en el sulky, porque no tenían otro medio de transporte. El tío Nino era el locutor, porque tenía más coraje; mi papá era más torpe para esas cosas y prefería seguirle el ritmo al tío.

Después de la fiesta, y tras haber tomado unas copas de más, empezaron a guardar los equipos y discos —en aquel entonces, usaban discos de vinilo, los simples—. De regreso a casa, en el sulky, en algún punto del camino, no sé cómo, comenzaron a perder los discos. Al día siguiente, tuvieron que salir a buscar los discos por el camino que habían recorrido la noche anterior. Algunos los encontraron enterrados en la tierra y otros hechos pedazos, ya que los caballos y los carros que pasaban por ahí los habían destruido. Calladitos la boca, tuvieron que poner dinero de su bolsillo para reponer todos los discos.

Sin embargo, a pesar de estos contratiempos, ellos eran felices. Se divertían con cada aventura. Otra vez, Silverio, que aún era niño, recuerda cómo fueron juntos a Colonia Caroya, o quizás a Tirolesa, a buscar damajuanas de vino. Como siempre, se les hizo tarde y terminaron quedándose a dormir en casa del papá de Silverio. Desataron los caballos del carro, pero los animales se escaparon durante la noche, y al día siguiente, se encontraron "sin motor", como si hubieran perdido el auto. Tuvieron que pedir prestados otros caballos para poder regresar a casa.

El tío Nino era tremendo, siempre alegre y lleno de vida, y mi papá lo seguía en todas sus locuras. Eran amigos inseparables, y a pesar de las dificultades, disfrutaban cada momento. Lamentablemente, Dios se los llevó jóvenes a ambos. Mi papá murió a los 62 años, y el tío Nino también se fue joven, aunque no sé la edad exacta. Estoy segura de que ahora, en el cielo, siguen haciendo de las suyas, como lo hacían aquí.

Por Elba Piazzi

Cuenta la historia que, mientras el tío Pin trabajaba en la cooperativa de tamberos, estaba a cargo de los cerdos que criaba aprovechando el suero sobrante de la producción. Un día, una chancha le colmó la paciencia, haciéndolo perder el control. En un arranque de furia, le lanzó un ladrillazo que, lamentablemente, le quitó la vida.

Atemorizado por lo que había hecho, el tío Pin decidió no contar la verdad y, en lugar de admitir su acción, explicó que la chancha había muerto por una enfermedad. Como consecuencia, toda la piara tuvo que ser vacunada sin necesidad alguna, por precaución.

Así quedó registrada esta insólita historia entre las anécdotas más comentadas de la familia.

Me resulta grato recordar y rememorar algunos acontecimientos de mi niñez, especialmente aquellos que tienen relación con nuestros abuelos y tíos Braida, en el pequeño pueblo de Nueva Andalucía durante la década de 1950 hasta 1963.

En ese entonces, Nueva Andalucía era un pueblo de no más de 60 personas, ubicado sobre el camino que unía las localidades de Rangel y Tinoco al noroeste, con Piquillín y Río Primero hacia el sur, a unos 16 y 20 kilómetros, respectivamente. Los medios de transporte hasta 1956, además del tren y el colectivo, eran casi exclusivamente de tracción a sangre, con solo dos vehículos motorizados en todo el pueblo. Tampoco contábamos con servicios básicos como agua corriente o electricidad.

La actividad comercial del pueblo giraba en torno a un negocio de ramos generales, un bar con cancha de bochas y fútbol, una pista de baile, carnicería, carpintería, herrería, peluquería y un destacamento policial. También estaba la escuela nacional "Reginaldo Juncos" y la iglesia, que eran centros vitales de la comunidad. La economía local se sustentaba en la agricultura, los tambos y la comercialización de leña. La Sra. Chiapero era la partera del pueblo, siempre lista para asistir a las madres cuando un nuevo miembro de la familia estaba por llegar.

De vez en cuando, el pueblo recibía la visita del colchonero, que ofrecía el servicio de renovación de colchones de lana, o de algún circo de poca monta o gitanos que acampaban por unos días. En los veranos, los sábados por la noche, el pueblo cobraba vida con cinco o seis "sol de noche" iluminando la pista de baile, ubicada justo enfrente de nuestra casa. Allí se celebraban las fiestas hasta las tres de la mañana, a las que asistían nuestros tíos solteros. Siempre recuerdo las advertencias de mi madre sobre las chicas que iban a bailar, intentando mantener el orden en medio de la diversión.

PRIMEROS AÑOS

Para poner en contexto, el matrimonio de Celia Braida y Claudio Digon se estableció en Nueva Andalucía a finales de los años 30. De esa unión nacimos cinco hermanos, siendo yo el tercero, conocido de chico como "el Gringo" hasta que, a los doce años, en el colegio religioso, empecé a presentarme como Claudio. Asistíamos a la escuela y ayudábamos en el negocio familiar de ramos generales.

Recuerdo una anécdota en la que una tía, disfrazada de viejita, llegó al negocio. Mi hermano la atendió, y cuando ella pidió comprar "preservativos", él, sin saber lo que eran, preguntó a viva voz a mi padre si teníamos ese producto. La "viejita" entonces me miró y, con picardía, preguntó cuántos años tenía y si ya estaba "arrastrando el ala". Esta misma pregunta me la repetía en cada visita.

Los días transcurrían como los de cualquier otro niño de la época: entre las clases en la escuela, jugar a la pelota, atender a algún cliente y esperar la llegada del tren. Mi padre nos enviaba a comprar el diario y, de paso, alguna revista como el Billiken o El Gráfico. La radio era una de nuestras principales fuentes de entretenimiento: por la tarde, mi mamá escuchaba novelas mientras atendía el negocio, como las de Jaime Cloner; por la noche, sintonizábamos El Glostora Tango Club o Los Pérez García, y por la mañana el programa de Doña Tremebunda. Los domingos, no faltaba Fioravanti con sus relatos.

El pueblo contaba con un servicio de colectivo que hacía el trayecto Córdoba-Obispo Trejo, y a unos 200 metros de nuestro negocio se encontraba la estación del ferrocarril, por donde pasaban a diario trenes de pasajeros y de carga en dirección a Córdoba o Santiago del Estero. Las noticias familiares se transmitían a través del telégrafo de la estación.

Recuerdo con admiración cuando vi descender del tren al tío Nino, luciendo su uniforme de gala de granadero, después de ser licenciado del servicio militar. También vi llegar al tío Coco de licencia por la misma vía.

En el negocio, nuestra abuela Ercilia nos visitaba regularmente junto con algunos de sus hijos. La nona escondía en el aparador un paquete de tabaco y papel para armar cigarrillos. Mientras los armaba, nos pedía que no dijéramos nada, y a cambio le pedíamos que nos hiciera fritos o nos fabricara un birrete de papel.

VISITAS A CASA DE TÍOS Y ABUELOS

La casa de nuestros abuelos Braida estaba a unos seis kilómetros al norte de Nueva Andalucía, a la que se llegaba atravesando un callejón semi público, perteneciente al campo del nene Toro, lo que implicaba abrir una tranquera y pasar cerca de unos corrales y un gran tunal.

Algunos domingos, íbamos con mi mamá y mis hermanos a visitar a la abuela Ercilia. Además de la abuela, vivían ahí el tío Nino, el tío Coco, Aurora, el tío Carlitos (medio hermano de nuestro abuelo) y un empleado llamado Reyes, que hacía las tareas domésticas.

La casa tenía techo de zinc y pisos de ladrillo. Un gran zaguán la dividía, con una columna metálica al centro. Al sur del zaguán, estaba la cocina, donde solía ver a la abuela cortando tallarines para el almuerzo, que se acompañaban con pollo y de postre budín de pan. Al norte, una habitación que supongo era un dormitorio, y al oeste, el gran comedor, donde se encontraban una larga mesa y bancos. Recuerdo una ocasión en la que el tío Nino entró al comedor protestando: "¡Qué olor a carlitas hay en esta casa!".

Al salir al gran patio de la casa, se veía un camino semi público que conectaba con el de Rangel, y un gran ambiente donde se encontraba una caja fuerte familiar. Ese ambiente, al parecer, era el dormitorio del tío Carlitos y la nona Regina. Recuerdo que, una vez, vi junto a Titi Piazzi a nuestra bisabuela recién fallecida, tapada con una sábana. Creo que fue en el año 1952.

Al este del zaguán, un pasillo cubierto por una parra conducía a la quinta. Al sur del pasillo estaba el gallinero y el molino. Uno de nuestros pasatiempos era silbarle a los pavos para que nos respondieran. Mi hermano Nene mencionaba que al este de la casa había una laguna, y más allá, la casa del tío Joaquín Braida, que lamentablemente nunca pude visitar.

HÁBITO DIARIO

Conversando con tía Elvira, me contó que su hermana mayor, Celia, hacía arrodillar a todos sus hermanos al pie de la cama para rezar en silencio cada noche antes de dormir.

SE NOS AHOGÓ EL CASAMIENTO

Es posible que fuera en 1954. Durante varios días, nos habíamos estado preparando con ilusión para asistir al casamiento de la tía Nena, que se llevaría a cabo en la zona de Capilla de Dolores, a unos 12 kilómetros al sur de nuestra casa. Desde temprano, mi mamá lustraba nuestros zapatos, planchaba camisas y pantalones, y esto aumentaba nuestra alegría y emoción por la fiesta. Mi padre había contratado un camión para llevarnos al evento.

Sin embargo, después del mediodía, comenzaron a aparecer oscuros nubarrones en el oeste, generando dudas sobre si podríamos ir o no. Cualquier chaparrón hacía intransitables los caminos de tierra. Entre la esperanza de mi madre y las dudas de mi padre, mirábamos el cielo, pero pronto la tormenta desató toda su furia. La fiesta se esfumó con la tormenta, y la casa quedó envuelta en tristeza y frustración. Según mi hermano Nene, esa noche llovieron 60 mm.

Por Claudio Digon

ENTREVISTA A ROMILO MÁXIMO BRAIDA, socio de Tres Esquinas

 

Era un día frío, Don Romilo nos pidió estar a las 10 en su casa. Así fue, llegamos puntual por un largo camino de tierra, bien cuidado y mantenido. Doña Ramona Ángela Bustos nos esperaba, nos hizo entrar y allí conocimos a su esposo, nuestro entrevistado. En vez de comenzar la entrevista con una pregunta, él fue el primero en preguntar

 

¿Por qué quiere entrevistarme?

 

Porque me dijeron que usted conoce un poco de la historia de cómo llega la luz a esta zona y porque ha trabajado en una cooperativa y sabe del tema cooperativismo, además con los años que tiene...debe tener mucha sabiduría de vida.

 

Después de dejarlo conforme con la respuesta a don Romilo, continuamos conversando

 

¿Hace cuanto que usted vive en Tres Esquinas?

 

Yo nací acá...a tres mil metros de esta casa. Siempre viví acá.

 

¿Usted sabe por qué se llama Tres Esquinas?

 

Bueno...cuando dispusimos hacer la Cooperativa de tamberos, nos reunimos y había que darle un nombre a la Cooperativa....propusieron varios nombres y el que fue después presidente propuso que se llamara Tres Esquinas. Primero existió la Cooperativa y después el nombre (de la zona) es derivado de allí.

 

Yo creo que fue porque venía un camino en forma de curva redonda, de otro lado venía otro camino y se juntaba con aquel otro (dibujando en la mesa como dos curvas unidas a una recta) y se formaba un triangulo que posiblemente de ahí ha sido la idea del nombre....es una opinión mía.

 

¿Eran muchos tamberos en la zona, don Romilo?

 

Éramos pocos al principio pero llegamos a tener 100 socios. Era en el 58...yo tenía 25 años. Hoy el tambero es de 3.000 litros de leche....en aquella época, el tambero que tenía 300 litros...era el poderoso, acá eran tamberitos de 100 litros, de 50....pero agrupados en la Cooperativa, llegamos a trabajar 15.000 litros de leche.

 

¿Cuál era el objetivo de la Cooperativa?

 

Yo fui tesorero desde que dispusimos hacer la Cooperativa, hicimos muchas cosas...compramos un camión, máquinas, postes. Le vendíamos a Sancor. Todos los tamberos venían a la cooperativa, teníamos máquinas para desnatar la leche, el suero lo tirábamos....el cremero , que era un hermano mío, ponía la nata en una prensa hasta que quedaba sin suero y después con otra máquina la secába y se la embolsaba para llevarla para industrializarla. Después Sancor fue creciendo....y era una injusticia tirar el suero...así se trabajó la leche entera. Sancor agrupó a todas las cooperativas ....de todas formas la cooperativa no solo se dedicó a la leche...haciamos otros servicios...comprabamos postes para los campos de los socios, para que hagan alambrados...también pudimos comprar una topadora para el socio que quería sacar los montes....porque había mucho y así se limpiaron muchos campos....la Comisión de la cooperativa también ayudó a impulsar el consorcio caminero. También fui parte del Consorcio y allí permanecí 45 años, colaboré en la comisión de la escuela, siempre fui tesorero en todas las comisiones.

 

Yo he trabajado muy mucho para la comunidad...y no para ganar un peso...al contrario poníamos nuestros vehículos y todos colaborábamos....eso es el cooperativismo....no buscar mis intereses...sino el de los otros. En todas las comisiones se trabaja de a poco, hemos hechos trámites ante el gobierno, no se hace todo de prepo, hay que andar

 

¿Cuánto tiempo duró aquella cooperativa?

 

La cooperativa comenzó alla por el 59....acá habían muchos productores chicos...las cosas fueron cambiando ....era adherida a Sancor, a la cooperativa de Arroyito..y poco a poco se fue disolviendo, también la gente comenzó a irse (a las ciudades)...y así desaparecieron los tamberos...acá no hay ni para comprar un litro de leche. Los productores chicos se fueron porque no tenían vida. Nosotros estamos acá porque la hemos peleau....yo solo tengo un campito de 170 hectáreas con mis dos hijos que trabajan en el campo

 

La luz y el teléfono son impagables dice Fabian - el hijo menor de don Romilo –

 

Ramona agrega: no se fijan que tienen un televisor, una heladera, el lavarropa....todo está conectado a la energía....antes teníamos que estar echándole aire a la lámpara para que dé mejor luz

 

¿Cómo vivían estas situaciones de privacidad?

 

Y...somos gente que siempre ha vivido en el campo, estamos acostumbrados a los sacrificios. Yo tenía un tambito y había comprado una máquina con motor a gasoil para ordeñar....después cuando vino la luz había mucho movimiento de la cooperativa, yo puse un negocito y me fue muy bien, era una despensa. Todo es con sacrificio.

 

¿Qué piensa de la Argentina actual, don Romilo?

 

Tiene un futuro que si lo saben manejar....el mundo va necesitar de alimentos, que es de lo que Argentina puede abastecer....no podemos pensar en fábricas de autos cuando los mercados están cubiertos...acá tenemos que producir alimentos para exportar al mundo.....ahora se está perdiendo mucha producción, se debe industrializar los productos regionales...por ejemplo... el trigo que es uno de los cereales que más producimos los argentinos, está un 50% para el mercado interno...y el otro 50% se exporta....¿por qué no lo industrializamos acá y vendemos los productos industrializados?....eso nos va hacer un país fuerte.....

 

¿Don Romilo y en aquella época tenían luz eléctrica?

 

Noo, yo te estoy hablando del 59....y acá la luz vino el 96, estaba Daga en la Cooperativa de luz, era en sus últimos tiempos. La luz llegó primero a Capilla de Dolores y después consiguió traer la luz hasta acá. Me acuerdo de Daga..se había reunido la gente, habían algunos del norte y le pedían que extendieran la luz para Rangel, que está a 8 km.... y Daga dijo: “ahora la vamos a traer hasta acá y después veremos si podemos continuar”....y con el tiempo se continuó y llegó a Rangel.

 

¿Por qué cree que logran tener la luz en la zona, aparte del afán del Consejo de aquella época?

 

Yo creo que el objetivo principal ....fue la escuela, era el objetivo del gobierno provincial llevar la energía eléctrica a todas las escuelas. Lo mismo que pasa hoy con el internet.. Yo doné un terreno ahí (señalando a la casa vecina) y se hizo la escuela en el año 80, la hizo el gobierno..y el 27 de septiembre de 1983 inauguramos el edificio, mas de 40 alumnos teníamos.....habían muchos niños...pero ahora no hay mucha gente....el año pasado habían solo 3 alumnos, este año vino una familia nueva y hay 6.

 

¿ Cómo se iluminaban Don Romilo, antes de la energía eléctrica?

 

Con velas...faroles a kerosene...el kerosene también servía para la heladera...renegabamos cuando empezaba a ser humo...Era un afán –agrega doña Ramona- me acuerdo cuando se quemaba la camisa...había que esperar que enfriara y después ponerle una nueva... o sino la camisa se caía...y era trabajo...

Continúa don Romilo: ...por eso cuando escucho que la gente se queja por el valor de la energía, de la luz...de acuerdo a lo que yo viví me la regalan. Aparte del valor, calcule usted que una heladera y dos faroles le consumían más o menos un litro y medio de kerosene por día....vale $40 hoy el querosene, quiere decir que gastaba $60 por día nada más que para tener una heladera y dos faroles, en el mes son $1800....y estoy pagando 500..600 de luz.....es nada.....aparte de eso la comodidad...antes para tener un poco de luz, teníamos que ir con la linterna, con una velita....aparte de eso...teníamos un lavarropa a gas....era otro gasto...también teníamos televisor a batería....eran más las veces que no tenía carga y yo arrimaba el rastrojero para poder ver algo

 

¿Cómo ve a la Cooperativa, actualmente, como ve su funcionamiento?

 

De mi sobrino (refiriéndose al Sr. Eduardo Digón) puedo decir que se preocupa muy mucho de la Cooperativa...y le doy garantía que es una persona seria. Yo no participo en la Cooperativa, pero he ido a la Asamblea…..y……cuando hay algún problema, los chicos vienen, hablo con Rinero y me atienden...calcule usted que yo viví 60 años sin luz....como no voy a estar conforme con el servicio

 

Algo para destacar....es pensar cuantos kilómetros de líneas hay desde Piquillín hasta acá son contados los usuarios. Además es un extendido bastante prolongado que requiere su mantenimiento...no es solamente el capital que se puso..sino ver que si hay tormentas ....pueden haber postes caído...o cables para arreglar...el mantenimiento es importante.

Muchas personas no conocen o no comprenden la realidad que vive la Cooperativa con respecto al esfuerzo que debe hacer para llegar a las zonas rurales, los kilómetros de líneas que usted menciona con pocos usuarios es una inversión incomparable con el servicio en la ciudad de Córdoba. Comparación que suelen hacer algunas personas cuando se habla del precio de la energía. En Córdoba hay 200 usuarios tal vez en un kilómetro y acá pasan kilómetros sin usuario alguno. Es importante que usted lo mencione y lo valore.

 

Hemos luchado juntos (refiriéndose a su esposa), acá en el campo es una lucha continua, la luz ha sido muy importante...pero el recuerdo del farol no se va (sonriendo).

 

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Conversamos más temas y demás recuerdos con don Romilo y su esposa, compartieron anécdotas y nos dejaron un mensaje de valorar las cosas simples de la vida. El poder comunicarme por teléfono o acercarte a una pared, tocar una tecla y tener la luz. El valorar la educación, el trabajar en cooperativa pensando en el otro para ayudarse entres todos...

 

Le agradecemos a Don Romilo por aceptar contarnos un poco de su vida. A Ramona por acomañarnos con sus comentarios y sus ricos mates con buñuelos. Tomar el ejemplo de estas personas que viven luchando y con sacrificio intentan dejar un mundo mejor para sus hijos.

 

Recordar que no teníamos ciertas comodidades y ahora las tenemos nos deber hacer valorar el buen uso de lo logrado.